Día 13. Nafplio – Mycenas – Fithio – Atenas

Dejamos atrás Nafplio para aventurarnos en la historia griega. Tras el ya habitual bocadillo de sobrasada con frappé del desayuno nos dirigimos a la empresa de guaguas a ver qué posibilidades teníamos para recorrer los alrededores. No eran muchas, sobre todo por problemas con los horarios (a partir del mediodía ya casi no había posibilidades para regresar a Nafplio desde cualquiera de los posibles destinos). Al final nos decidimos por Mycenas, las ruinas de la capital de la antigua civilización micénica.

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Puerta de los leones, Mycenas

Las ruinas de Mycenas datan del 13 a.C. y son poco más que un montón de rocas en un entorno bucólico bastante agradable. La civilización micénica se extendió más allá del Peloponeso, llegando a las Cicladas, el Dodecaneso, etc. y fue la más importante de la zona durante muchos siglos. El tiempo y los incendios hicieron que lo que queda para ver no fuera muy interesante, pese a las explicaciones de qué había sido cada roca en el pasado.

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Los restos de una civilización

Cerca de allí encontramos el “tesoro” de Atreas, o la tumba de Agamenón: una colina excavada en forma de colmena que se usaba como cementerio. No estábamos muy impresionados por lo que habíamos visto, pero había sido interesante conocer un poco de aquella cultura a través de las explicaciones del museo. Teníamos la intención de coger esa misma noche un ferry en Atenas que nos llevara a Creta, así que buscamos la forma de regresar a la capital en aquel lugar en medio de la nada. Nuestra guía nos decía que no hacía falta regresar a Nafplio, que a unos cuantos kilómetros se encontraba un lugar llamado Fithio desde el que podríamos coger la guagua con destino Atenas.

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La tumba de Agamenón o el Tesoro de Atreas.

Seguimos caminando mientras hacíamos auto-stop y al rato tuvimos la suerte de que nos recogió un coche en el que iban un hombre y su madre grieguísima. Mientras nos intentábamos hacer entender y él nos intentaba contar que había estado alguna vez en la Costa del Sol se le escapó una palabra en italiano y a partir de ahí todo fue más fácil. Resultó ser un médico que había estudiado en Torino, como tantos otros griegos que no consiguen entrar en la carrera que desean y se van a otros países a estudiar porque no hay suficientes plazas en Grecia.

Así llegamos a Fithio y nos despedimos del médico y su adorable madre. Resultó ser un no-lugar de categoría, aunque con bar de pueblo auténtico en el que esperamos pacientemente la llegada de nuestra guagua. Regresando a Atenas cruzamos el canal de Corinto, que ya había visto a la ida, por lo que esta vez pude preparar la cámara a tiempo (y despertar a Tià , que dormía, por supuesto) para dejar constancia del hecho.

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Ese pedazo de no-lugar. Ojo al poster, ¿esquela o anuncio de un concierto?

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El canal de Corinto

Llegamos a la estación de guaguas de Atenas con tiempo suficiente para llegar al centro, recoger nuestras mochilas y salir al puerto de El Pireo para coger el barco. Lo que no nos esperábamos encontrar a nuestro regreso a Atenas era que justo ESE día hubiera una huelga de transportes en la capital. Porca miseria.

Tras asegurarnos de que no había otra posibilidad nos pusimos en la cola de los taxis y nos pusimos de acuerdo con unos canadienses que también iban para el centro, con la intención de ahorrarnos algo de dinero. El caso es que cuando llegamos a nuestro barrio, le dejamos a los canadienses algo más de la mitad de lo que marcaba el taxímetro y nos fuimos. El taxista, que hasta entonces había demostrado ser un tipo muy simpático y charlatán (en inglés) empezó a gritarnos y a decirnos que teníamos que pagarle, que eso no funcionaba así. Nosotros flipando, y con buena intención nos volvemos y le decimos que ya lo arreglamos con los canadienses, que pagan ellos. Los canadienses que le decían que sí, que se tranquilizara y el tío, poco convencido, les dice que si pagan ellos que no hay problema, pero que paguen por todos. Claro, era la idea, ¿no?

Minutos después descubríamos en boca del Moretti el gran secreto del negocio de los taxistas griegos. Llevan a varias personas que van al mismo lugar o a sitios cercanos y hacen pagar a CADA UNA el precio total del viaje. Olé sus huevos. No pudimos evitar imaginarnos a los simpáticos canadienses pagando por todos, pero rápidamente nos autoconvencimos de que en Canadá el salario base seguramente es el doble que el español y entonces se nos acabaron los remordimientos.

Así llegamos a Exarhia, dónde el buen Moretti en nuestra ausencia nos había organizado la estancia en Creta y hasta nos había hecho la colada. Hasta ahora no había podido detenerme en detalles sobre este personaje. ¿Quieren saber quién es realmente Juan Moretti?

Lo conocimos porque desde hacía un mes era el compañero de piso de Lygia, una amiga de una amiga nuestra. El susodicho se declara murciano, pero no español, y para demostrarlo cuenta con un acento murciano de lo más característico. Pero a ver, ¿un murciano que dice no ser español? ¡Se nos derrumba España! ¡Si al final va a ser cierto que ZP nos desintegra el país…! ¡Pues no! Es que el que se autodenomina Juan es en realidad Gianluca, italiano como su padre. ¿Y qué hace en Grecia? El muchacho se echó novia griega hace cuatro años y desde entonces ha vagado por diferentes lugares de Grecia buscándose la vida como profesor de español, cocinero de restaurantes patrios, etc. Ahora necesita sacarse el título para ser profesor de español de forma oficial, y lo divertido es que como español no podría conseguirlo. Necesitaría tener un título universitario, pero como italiano sólo necesita un título de la escuela oficial de idiomas, que evidentemente, no le costará mucho conseguir. El Moretti, además, toca la guitarra, la trompeta y como dice él mismo “yo soy más griego que esta panda de griegos anarquistas que hay por aquí”. En definitiva, un crack, cuya generosidad y hospitalidad con nosotros, unos absolutos desconocidos, fue sorprendente.

Nos despedimos de él tras hacernos el último y enésimo favor: convencer a uno de los pocos taxistas que se paraban por allí de que nos llevara al puerto. No nos quedaba mucho tiempo, pero con el sistema griego de “trabajo lo mismo y cobro el doble” el taxista acercó primero a una señora a su casa y entonces nos llevó al puerto, dónde por suerte aún nos esperaba nuestro ferry. Una mole inmensa de 11 pisos llamado “El Venizelos” que nos llevaría a Creta junto a un grupo de presos escoltados por policías que se nos sentaron detrás, esposados a sus butacas. Entre la T.V. griega, la luz, la incomodidad del suelo y los cachondeos del personal cada vez que le pedían a los polis que los acompañaran al baño la noche se hizo muy muy larga, y llegó el amanecer sin haber pegado ojo… Pero eso no importaba, porque ya estábamos en Creta.

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El Pireo desde “El Venizelos”

2 Responses to “Día 13. Nafplio – Mycenas – Fithio – Atenas”

  1. Quique Says:

    Muuuuuy wapo el blog, sí señor.
    Donde está el post sobre la casa??

  2. Viajesa Grecia Says:

    pasaros por mi blog de Grecia,os gustará:
    http://viajargrecia.blogspot.com

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