Artículos de la categoría 'vida en el centro'

Papá, me hubiera gustado tanto preguntarte…

Jueves, Febrero 8th, 2007

Hace ya más de medio siglo mi padre dejaba atrás a su familia, su isla natal y todo lo que hasta aquel momento conocía. Tenía 17 años el día en que se subió al barco que le llevó hasta el otro lado del océano, a la entonces rica y próspera Venezuela.

Me hubiera gustado poder preguntarle qué sentía en aquel momento, qué prentendía encontrar. Si lo hacía porque era la única alternativa a la miseria de una isla en la posguerra o porque aspiraba a conseguir algo que nunca estaría a su alcance en caso de quedarse. Ojalá me pudiera haber contado qué pensaba, qué sentía, que le pasó por la cabeza los primeros meses a su llegada a Venezuela. ¿Le costó adaptarse a las costumbres de los venezolanos? ¿Cómo le trataron? ¿Se sintió menospreciado? ¿Cómo se las arregló para buscarse la vida y tirar adelante?

Hoy cuando el reloj marcó las 22h empecé a despedirme de todos los chicos, como de costumbre, antes de irme a casa. Pero faltaba uno. Recordé que había estado bastante apagado en la cena y que se había ido directamente a la cama. Toqué en su habitación, temiendo despertarle, y lo encontré sentado, llorando. Algo sorprendente, tratándose de Edgar, venezolano de 17 años, alto, apuesto, fuerte y de verborragia expansiva y agotadora.

Me acerqué y empecé a hablar con él y lo que descubrí me sorprendió. Yo creía que simplemente tenía problemas para asumir determinados asuntos de convivencia y normativa, ni siquiera por un momento había podido llegar a entender que detrás de “El Marqués de Maracaibo”, como le llamo de broma por sus manías, se escondía un alma atormentada por la experiencia de la emigración. Edgar, con 17 años, dejó todo atrás, quizás no vivía en la miseria, pero se dijo que él podía aspirar a vivir mejor, y así lo intentó viniendo a España.

“Dejé todo lo que tenía allá, y me vine hasta acá”

Una vez aquí el sueño se reveló mucho más complicado de lo que parecía en un principio. La palabra “papeles” empezó a cobrar un significado que no había tenido hasta ahora. Entonces el afán de supervivencia empieza a tomar algunas decisiones de las que él no “puede hablar” y de las que no se siente orgulloso. “Nada de antecedentes penales” – dijo, pero tenía muchos remordimientos por haber tenido que mentir para poder tener una oportunidad acá. Y me lo imagino, o quizás de lo contrario ya habría sido repatriado. Está prohibido buscar una oportunidad fuera de dónde no las hay, si con lo que tienes allá te alcanza para malvivir aunque no cubras las mil necesidades de una persona que van más allá del sentido material.

“Si fuera por algo material, yo me podría haber quedado allá, buscarme algo para escapar, pero quería algo más, creo que puedo conseguir algo mejor”

Para nuestras leyes un pensamiento como este en la mente de un inmigrante no deja de ser un delito.

Y después la soledad. Lo más terrible en la mente de un niño-hombre de 17 años, lejos de su cultura, de su familia, de personas que hablen su “jerga”, que le puedan entender realmente, que aprecien su humor, las mil palabras que para nosotros son malsonantes y para él “lo que he mamado”… Lo peor es la soledad.

“Lo peor es no tener a nadie aquí que te extrañe, alguien que piense en ti”.

Medio siglo más tarde, ¿qué habrá cambiado?

Papá, me hubiera gustado tanto preguntarte…

Atmosfear

Miércoles, Enero 31st, 2007

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¿Recuerdan aquel juego de mesa de terror que venía con una cinta de vídeo con la cara de un fulano muy muy feo? Pues no me pregunten cómo, pero hoy encontré la nueva versión, con DVD, en el almacén del centro. Para mayor de mis sorpresas, estaban todas las fichas y el DVD no parecía demasiado rallado.

Total, que quien dice hoy toca Videofórum, dice hoy vamos a hacer algo diferente y les propuse echarnos una partida al juego. Hay algo sin embargo que caracteriza a los chicos del centro: pueden quejarse mil veces de que no quieren hacer siempre las mismas cosas, pero en cuánto intentas introducir un mínimo cambio en sus vidas o proponerles un juego desconocido tienes asegurado un motín.

Pero tras los acostumbrados “no puedes obligarme a jugar”, “menuda mierda”, “yo paso de esto”, “la voy a liar”, “Que no huevón, que esto es juego pa’niños”, etc. a la hora de la verdad, todo el mundo se apuntó a jugar. Apagamos las luces, encendímos una linterna y pusimos la tele a todo volumen. El “Guardián de la Puerta” (el feo, vaya), desde la TV empezó a insultar a todo el mundo y a no dejar títere con cabeza, y ellos claro, sin cortarse un pelo… Todos perdimos, porque se acabó el tiempo y nadie había conseguido llegar hasta el lugar dónde se guardaban nuestros “mayores miedos”, pero nos llevamos algún susto y nos pudimos reír lo más grande. Al acabar, todos querían jugar otra vez.

Cuando salimos de la habitación mis compañeras se preguntaban quién se lo había pasado mejor, si ellos o yo… Posiblemente yo, pero de cualquier modo me alegra que de tanto en tanto puedan recordar que son niños y actuar como tales disfrutando de un simple juego de mesa.

Homenaje a los padres que hacen los deberes con sus hijos

Domingo, Enero 28th, 2007

- Víctor, venga, a hacer los deberes (si digo “a hacer la tarea”, como decimos en Canarias, lo confunden con las tareas de limpieza de después de las comidas y tengo conflicto seguro).

- Ya voy, ya voy…

- Venga, vamos, coge las cosas.

- No, ahora no quiero.

(La confrontación lleva a conflicto, el conflicto a nada, evítalo, evítalo).

- Quedamos en que esta es tu hora de estudio, ¿verdad?

- No, hoy no tengo deberes.

(¡Mayday, mayday!)

- Eso no fue lo que me dijo la educadora del Instituto…

- Bueno, vale, pero si me ayudas tú.

(Vaya, fue más fácil de lo que parecía)

- Claro, ¿qué tienes que hacer?

- Mates, divisiones con fracciones.

(Je, eso está hecho).

- Pues a ver, a ver…

Ejercicio 47. Tienes un CD que cuesta el triple que una cinta. Si el CD cuesta 7′22 euros más que la cinta, ¿cuánto cuestan cada uno de los dos?

Víctor me mira y arquea una ceja.

Yo miro de nuevo el libro y arqueo una ceja. Luego la otra. Sí, yo, el que hizo Ciencias Puras en COU. Sudo. Y él me mira. Pienso en divisiones y en fracciones y no tengo ni idea de cómo salir de este marrón. Sólo me vienen a la cabeza equis y cosas así.

- ¿A ti ya te enseñaron a hacer ecuaciones?

- ¿Ecuaqué?

(Este va a ser un día muy largo…)

Educar en el medio residencial: una forma de educación social

Miércoles, Enero 24th, 2007

Acaba de llegar a mis manos un documento muy interesante (vía Estaya de la Educación Social), sobre la educación en el medio residencial. Resalto algunas ideas que me han parecido interesantes:

¿Centro residencial = familia?

“A pesar de que no podemos hacer que nos sientan su familia –porque ni lo somos ni podemos pretender serlo– el esfuerzo de los y las profesionales deben pasar por crear un clima óptimo de relación dentro del marco residencial que permita hacerles sentir que el centro es su casa durante el tiempo que permanecen en él.”

Vínculo.

“Educadores y educadoras han de tener la capacidad de sintonizar con los intereses de los y las menores, de manera que puedan convertirse no sólo en referentes normativos sino también en personas capaces de escuchar, y con quienes compartir sus experiencias o, simplemente, disfrutar de su compañía.”

Acción tutorial.

“[...] un aspecto muy importante de la acción educativa de quien tutoriza es recuperar al o la menor para la relación. Es decir, ayudarle a reconquistar la confianza en el mundo adulto, conseguir la experiencia de que puede ser una persona valorada y querida sencillamente por lo que es, independientemente de cómo pueda mostrarse o de lo que pueda hacer. Y en este sentido, recuperar también la autoconfianza independientemente de aciertos o fallos.”

Pero me quedo sobre todo con todo el punto 4. de “apuntes metodológicos”, que ofrece unas lineas de trabajo con las que estoy completamente de acuerdo. Por ejemplo, la necesidad de una pedagogía del afecto o la importancia de educar desde el humor.

El documento en cuestión, aquí.

Splinter Cell: China

Martes, Enero 23rd, 2007

Hace unos días llegó a nuestro centro Zheng Yo-Uan (me encanta inventarme nombres chinos). Aventurero armado de móvil última tecnología, bolso de mano de Prada y para su desgracia, pasaporte falso. Viajaba a Londres, para después embarcarse hacia los EE.UU. Prueba forense: 17 años. Nada de español, un poco de inglés. Por experiencia he aprendido que los que no entienden inglés responden que sí a todo, así que tampoco sirve para mucho más que para hablar rollo western:

- You, now, food

- Yes, yes. – Y se te queda mirando.

- Eat, eat. Hungry?

- Yes, yes.

- Ok, come with me.

- Yes, yes – Y se queda dónde está.

- You Ok?

- Yes, yes – amplia sonrisa.

- Volvamos a empezar…

El caso es que tras muchos devaneos de cabeza, Chun-Li empezó a hacer más o menos las cosas que tenía que hacer, totalmente perdido, y evitando el contacto con el resto de los chicos. Menuda putada, no quisiera imaginarme yo en un centro de Shangai con tipos como yo diciéndome todo lo que tengo que hacer. Total, que esperábamos que ocurriera lo que suele ocurrir en estos casos, Chun-Li se escapa en la primera oportunidad, en la calle, al irnos de actividad.

Pero no. Eso sería demasiado sencillo.

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Nuestro intrépido aventurero decidió esperar a la noche, abrir una ventana cerrada (sin manillar), colarse en el balcón de al lado, entrar en el almacén, buscar su maleta, coger, no sé, los documentos secretos con la localización del arsenal enemigo, dejar el resto y bajar hasta la calle en silencio… Cuando la educadora de noche hizo la ronda, su cama vacía tenía el dulce perfume de la victoria. A mi me había pedido quedarse con el móvil por la noche (sin tarjeta) para “poder dormir” escuchando música. Y accedí. Y yo pensando que era el chico el ingenuo… Bueno, nunca se me ha dado demasiado bien la profesión de carcelero.

Al otro lado de la galaxia, la pantalla de mi portatil cada vez tiene más rayitas de colores verticales… Y una voz en mi cabeza susurra: “Medieval, medieval…”

El ajedrez incita a la violencia

Jueves, Enero 18th, 2007

No es buena señal que en el trayecto de regreso a casa, en guagua y a las diez de la noche, no me apetezca sacar un libro y leer un poco. No importa que sea un buen libro, con perlas como:

“Abrió la puerta y Gould le dijo hola, sin apartar los ojos de la televisión. Shatzy lo miró.

- No te esperes gran cosa, pero si la enciendes mejora”

En cualquier caso, no apetece leer cuando 15 minutos antes has tenido que contener físicamente a Víctor, el negativista desafiante.

Era un día perfecto. Buen ambiente, compañerismo entre los seis chicos que ahora tenemos en el centro, varios de los mayores por primera vez tenían permiso para salir solos y entre bromas les recordábamos que aquello nos parecía “un momento especial”, como el “primer baile de tu hijo”… Los dos pequeños tenían ganas de hacer deporte y nos pusimos de acuerdo para ir a correr a la playa un rato y después jugar al basket en una plaza cerca de casa. Nos lo pasamos de miedo, ellos contentos, ayudándose uno al otro, lo mío es tuyo, lo tuyo es mío, somos como hermanos, lo importante no es ganar sino participar. Durante la cena, más risas y cachondeo del personal, con el venezolano verborraico hablando y hablando y hablando… “Quien madruga… se encuentra todo cerrado”, nos decía con su sabiduría latina.

Después vienen los ibuprofenos, llamadas, PSP’s, y sorprendentemente, y quien lo diría… se monta el follón ¡por el ajedrez! El problema de un negativista desafiante inteligente es que sabe jugar al ajedrez, y le encanta recordárselo a los que juegan, mientras juegan. El que juega, cabreado, le da un aviso, dos avisos, tres avisos… avisa al educador, el educador avisa, sal de aquí, que no me voy, déjalos tranquilos, que no, por favor, levántate, no, Víctor, recuerda que ayer hiciste un compromiso con todos, me da lo mismo, piensa en lo que estás haciendo, que me dejes en paz… se ríe en la cara de todos con esa grandiosa habilidad para sacar lo peor del otro, y claro, la paciencia se acaba. El tranquilo jugador de ajedrez agarra por el cuello al ya no tan sonriente desafiante y adios paz y tranquilidad…

Y luego son los videojuegos los que incitan a la violencia. Menos campañas contra los videojuegos y más contra el Ajedrez, Amnistía

Como detalle, estas cosas siempre ocurren 5 minutos antes de que me tenga que ir a casa. Grandezas de la educación social.

Goodbye Borja

Martes, Enero 16th, 2007

Anoche me despedí de Borja, ese pibe que a fuerza de charlas, abrazos y negociaciones consiguió tocarme la fibra. Tras seis meses con nosotros se va a otro centro de características muy distintas a las nuestras. Se trata de un centro semicerrado, más bien grande, con chicos que como él tienen importantes problemas de conducta. Es decir, que generalmente no controlan su agresividad y tienen bien poca tolerancia a la frustración.

No es un paso adelante, no es el recurso idóneo para Borja, pero sí es el único que quizás ofrece garantías de que pese a su alma cándida y su discapacidad mental, en los momentos en que deja salir a su Mr. Hyde. no haga daño a otras personas o a sí mismo. Temo por él porque tiene sólo 15 años, es ingénuo, puro y tiene el perfil perfecto para ser centro de burlas y acoso por parte de otros pibes. Prácticamente solo en el mundo, carente de más afecto que el que pueda recibir de sus educadores, y con un futuro totalmente incierto, anoche me explicaba los pormenores del juego de Pokemon para la Game Boy: los ataques, las defensas, los entrenamientos, las evoluciones, los poderes…

Mientras, yo buscaba las palabras adecuadas para despedirme de él y no las encontraba. Le di un fuerte abrazo, y le deseé suerte.

Ya me iba cuando me llamó de nuevo:

- ¡Oye!

- ¿Sí, Borja?

- ¿Me dejarán fumar en el nuevo centro?

(Ays…)

Conversaciones incongruentes

Jueves, Enero 11th, 2007

Durante la cena un chico hace la broma de querer cogerme un trozo de pizza del plato.

- Yo: Eh, eso en mi barrio es muerte.

- Chico 1: Pues anda que en el mío…

- Chico 2: En el mío no matamos a nadie. Le hacemos bullying.

Moderna, la criatura, coño.

Castigo físico vs. castigo institucional

Sábado, Diciembre 30th, 2006

¿Una decisión profesional puede ser correcta aunque esta vaya en perjuicio del menor?

¿Es correcto que un menor que ha sido maltratado regrese con sus padres aunque en ningún momento se haya reconocido dicho maltrato?

¿Es realmente una solución que un menor pase años viviendo en centros de menores para que no regrese a la casa de unos padres que utilizan el castigo físico pero que cubren sus necesidades materiales y afectivas?

Me explico: como profesional en su día defendí que Hassan, a quien tuve tutorizado casi seis meses, debía ir a un centro residencial de menores ya que aquello que motivó el ingreso no se había resuelto (el maltrato y la seguridad de que no volvería a ocurrir al negarse sus padres a asumirlo y permitir entonces un trabajo sobre modos alternativos de educar a sus hijos). En el mismo instante que defendí esa posición era consciente de que lo peor que le podíamos hacer a Hassan era “condenarlo” a vivir en centros de menores durante su adolescencia. Dicho de forma bien cruda y políticamente incorrecta en nuestro ámbito: para él será mejor que le castiguen físicamente de vez en cuando en un entorno bastante normalizado a que se lo hagan en un entorno institucionalizado.

Ayer Hassan me llamó muy feliz para decirme que volvía a casa antes de Reyes y que por tanto no podría despedirse de mi (regreso de las vacaciones el 10 de enero). Me alegré mucho por él, pero me dejó un sabor agridulce. Hassan vuelve a casa sintiéndose culpable de haber denunciado a su padre y haber separado a su familia durante medio año. En todo este tiempo no logramos hacerle entender que él era la víctima de la historia. Al regresar a casa, sin que los padres hayan asumido el maltrato, nada ha cambiado. Lo único, quizás, que podría haber producido algún cambio positivo sería el “escarmiento” judicial a los padres. Pero los niños vuelven más indefensos que antes, ya que ahora han aprendido la lección y tienen bien claro que denunciando a sus padres los primeros que han salido perdiendo son ellos.

No sé si alegrarme o no de que mi opinión profesional no fuera tenida en cuenta por quien tomó la última decisión… Pero en el fondo sé que Hassan volverá a casa y que allí podrá disfrutar de una adolescencia mucho más plena y tranquila que la que podemos ofrecerle en un centro de acogida.

Negativista desafiante

Jueves, Diciembre 21st, 2006

Estoy exhausto psicológicamente.

Es duro intentar que un chico conviva con los demás cuando su hiperactividad le lleva a mil conflictos y si quieres ayudarle a resolverlos sólo responde: “No me calientes la cabeza” (que es como un “No me ralles” vanguardista”). Esa es la parte en la que interviene su también diagnosticado negativismo desafiante…

Me voy a dormir, mañana será otro día. Y será en otro día que entre a profundizar en este tema.

Bienvenida Mercè. :)