Artículos de Junio, 2006

A presto!

Jueves, Junio 29th, 2006

El encapuchado naranja aparte de tener un problema de daltonismo que no consigo solucionar está en plena mudanza. En unas horas dejo las Islas rumbo a Barcelona para empezar de nuevo, aunque no de cero. En estos momentos miro con excesiva sospecha el poco equipaje que llevo. O bien he aprendido a viajar con poco, o me olvido de muchas cosas. Espero que sea lo primero.

Quizás algún día llegue a tener el valor necesario para hacer como me decía siempre mi compañero de aventuras, Tià , parafraseando a Blai Bonet, un poeta mallorquín:

“A la prà ctica, la realitat és que un home just és lliure si tot quant té li cap dintre d’una maleta. I un home realment lliure ha de disposar encara de prou sentit humà de la vida com per a llençar la maleta a la mar.”

(En la práctica, la realidad es que un hombre sólo es libre si todo cuanto tiene le cabe dentro de una maleta. Y un hombre realmente libre ha de disponer todavía de suficiente sentido humano de la vida como para lanzar la maleta al mar).

¡Fumad, malditos!

Miércoles, Junio 28th, 2006

No he podido evitarlo, mi vena de no-fumador talibán decepcionado con la inutilidad de la ley contra el tabaco sigue viva. Esperaba que al aplicarse la ley ocurriera algo como en Italia pero no fue así. Al menos parece que la ministra se dio cuenta hace unos meses de que le faltan algunos flecos para que podamos disfrutar de nuestro bocadillo de mechada en el desayuno sin los malos humos de los vecinos. ¿Será posible algún día?

Día 7. Lecce – Brindisi – Mar Jónico

Lunes, Junio 26th, 2006

Hoy nuestro intrépido Llorenç dejaba el grupo para largarse solo a Nápoles y luego a Roma, desde dónde regresaría a España así que dejamos el apartamento y nos fuimos a acompañarle a la estación. Hicimos cuentas con nuestro fondo común, posteriormente llamado fondo sin fondo, el devorador voraz de nuestros ahorros y le despedimos. No sin cierto remordimiento de conciencia, dejándole enfrentarse sólo y sin saber italiano a la inefable Nápoles.

Tià y yo pasamos una mañana bastante aburrida por Lecce, lamentando no habernos ahorrado la experiencia de Gagliano del Capo y haber cogido el barco el día anterior, ya que salía por la tarde y no nos quedaba nada por ver en Lecce.

Así que pensamos que podríamos ir ya a Brindisi y dar una vuelta por la ciudad antes de coger el ferry. Craso error. Nada más bajarnos de la estación empezó a llover a cántaros, y tuvimos que armarnos de nuestros chubasqueros mientras buscábamos algo parecido a un puerto en el que hubiera barcos y ese tipo de cosas. Eran las primeras horas de la tarde y la ciudad estaba desierta, empezamos a bajar por lo que parecía la calle principal y llegado un momento decidimos pararnos para ir a investigar sin la mochila si había algo abierto, que había hambre y teníamos embutidos, pero no pan.

Europa en 40 días-95

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Servicio de Voluntariado Europeo

Miércoles, Junio 21st, 2006

Si algo ha demostrado la Unión Europea desde hace mucho tiempo es que no ha sabido ser una institución cercana a la gente. Al mismo tiempo, la gente no sabe cómo acercarse a ella, o cuando lo intentan, no pueden. Yo, por ejemplo, no pude votar en el referendum de la Constitución Europea precisamente por estar realizando un programa europeo, el Erasmus.

Personalmente, encuentro muchísimos aspectos criticables de la Unión Europea, especialmente en materia económica, pero esto no quita que no se le puedan aplaudir muchas de sus iniciativas. Pese a la deriva economicista de la UE aún hay bastantes personas que creen que esto debería ir más allá de lo estrictamente económico e impulsan programas que están consiguiendo algo realmente difícil: crear redes no sólo entre las instituciones de los países miembros, sino entre los propios ciudadanos, pese a la enorme diversidad del continente.

El problema es que estas iniciativas cuentan con bastante poca publicidad y muy pocas personas se enteran de su existencia. Hace poco me quedé con las ganas de participar en una de ellas: el Servicio de Voluntariado Europeo. Se trata de un programa para jóvenes que da la posibilidad de realizar un trabajo voluntario en cualquier país de la Unión Europea y algunos vecinos (países de la ex-Yugoslavia, Ucrania, Turquía, etc.) durante un mínimo de seis meses y un máximo de 12. Todos los gastos del voluntario están cubiertos: vivienda, alimentación, billetes de avión, transporte en el país de acogida, etc.

Los únicos requisitos para acceder a este programa son tener entre 18 y 25 años y ser residente en un estado de la Unión Europea. Es muy posible, sin embargo, que a partir del próximo año amplíen la edad máxima hasta los 30 años. También necesitas una organización de envío que será la que se pondrá en contacto con la organización de acogida para tramitar todo el papeleo. En el caso de Canarias de este asunto se ocupa la Fundación Ideo, aunque en los puntos de información juvenil de cada comunidad deberían informar al respecto.

Hay una base de datos (en inglés) con todos los proyectos aprobados por la Unión Europea a los que se pueden presentar solicitudes. Permite hacer búsquedas específicas por país, ciudad, tipo de proyecto, etc. Los proyectos están muy detallados, explicando la función a realizar por el voluntario y aportando información sobre horarios semanales (nunca más de 30 horas semanales de trabajo), la localidad y la organización de acogida , dónde viviría el voluntario, etc.

Por la paciencia necesaria para rellenar un par de impresos y esperar las respuestas de las organizaciones de acogida tienes a cambio la oportunidad de viajar, conocer otra cultura, otro idioma y otro país haciendo una importante labor social. El dinero, al menos esta vez, no es un problema.

Día 6. Lecce – Otranto – Gagliano del Capo

Lunes, Junio 19th, 2006

Teníamos idea de quedarnos dos días en Puglia y salir el tercero hacia Grecia, así que decidimos quedarnos otro día más en Lecce como campamento base y seguir con nuestras excursiones por el Salento. Así que nos fuimos con los amiguetes de Ferrovie del Sud Est hacia Otranto, haciendo trasbordo en Maglie, centro neurálgico de la península, como el día anterior. Sorprendentemente esta gente era de puntualidad alemana y uno podía organizarse perfectamente con los horarios que daban en la estación.
Europa en 40 días-74

Así eran los trenecitos de la FSE

Otranto es el puerto más oriental de Italia y destaca por su impresionante bastión aragonés, las callejuelas empinadas, los ruidosos grupos de escolares que fagocitan la tranquilidad que se le debe suponer en su ausencia y las bellas y voluptuosas “profesorese” que los acompañan.

Vuelta a Europa en 40 días-23

Otranto

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Día 5. Segunda Parte. Lecce – Gallipoli

Domingo, Junio 18th, 2006

Bien entrada la mañana llegábamos a Lecce y nos pedimos un capuccino en un bar al lado de la estación mientras sacábamos tomates, pan, lomo ibérico y la navaja suiza para hacernos unos bocatas reconstituyentes ante la mirada atónita de los parroquianos. Tras un baño checo en el lavabo y el maravilloso desayuno nos pusimos en marcha en busca de un bed and breakfast. Encontramos uno muy cerca del centro que aunque no era caro era un lujazo: un apartamento en un antiguo palacio reformado llevado por una gente simpatiquísima. Dejamos los bártulos y nos fuimos a pasear por la ciudad. Vimos la pedazo de plaza del Duomo, y empezamos a vagabundear por las callejuelas, encontrando cosas tan autobiográficas como esta:

Vuelta a Europa en 40 días-11

Visitamos la Piazza Sant’Oronzo, en la que se pueden apreciar simpáticos contrastes de ruinas romanas con arquitectura fascista. Allí nos cogió una inexplicable lluvia tropical que nos tuvo bajo una carpa en medio de la plaza cerca de media hora en compañía de un grupo de adolescentes italianos que acosaban a un grupo de adolescentes alemanas. Un clásico.

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Día 5. Primera parte. Roma – Lecce

Viernes, Junio 16th, 2006

El tren seguía allí. No se había ido. Imaginando que la cosa iba a estar bastante difícil para conseguir sitio nos fuimos directamente a los últimos vagones, a ver si aún había algo que rascar. En los que la gente directamente no había cerrado las puertas y se había echado a dormir no había nunca sitio, y si lo había, no como para meternos nosotros tres. Ya nos estábamos haciendo a la idea de dormir cada uno en un compartimento diferente cuando sorprendentemente vemos uno con cuatro sitios libres.

“¿Están ocupados?” El gesto de los dos tíos que estaban sentados allí indicaba algo así como “No, pero preferiríamos que tres españoles sudorosos que llevan toda la tarde en un concierto se buscaran otro sitio, preferiblemente en la otra punta del tren”. Mi sentido común me dijo que sería interesante comprobar si no había otra alternativa, pero Llorenç y Tià se quedaron, por si acaso, haciendo guardia frente al compartimento. Tras el inevitable fracaso de mi expedición, sonreímos de oreja a oreja, metimos las mochilas y pudimos observar a los dos tipos. Treinta y pico años, cara de “la vida me ha tratado mal, así que no me toques mucho los cojones o aquí se lía”. Pero vamos, suerte que había un fumador entre nosotros y uno de ellos rompió el hielo al pedirnos un cigarrillo. Con la rapidez de Llorenç para ofrecérselo conseguimos relajar el ambiente y crear cierta complicidad frente al enemigo quinceañero gritón de los pasillos que iba creciendo en número e intensidad. Nada como un enemigo externo para salvar los platos en casa.

Al rato salí al pasillo a ver el ambiente, y vi cómo los últimos en llegar ya se estaban acomodando en los asientos del pasillo, vaya… El tren iba petado con gente que no iba a poder dormir y eso prometía una noche muy muy larga. Llorenç se asomó a la ventanilla a fumar un cigarro con la mala suerte de que unos tíos uniformados que estaban por fuera del tren le tiran una bronca y lo hacen bajarse al andén, mientras una tía, también castigada, pregunta por el retraso del tren. El simpático señor de divisa le suelta que eso no le excusa de fumar y bla, bla, bla, y cuando se queda a gusto le contesta: mínimo cuarenta minutos. Manda huevos, va a ser aún más largo de lo que pensábamos. Al subir de nuevo, Llorenç comenta sorprendido: “Joder, han puesto un revisor alemán en un tren italiano”.

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Día 4. “Primo Maggio” 2006. Roma

Viernes, Junio 16th, 2006

El día no podía comenzar mejor. Un sms de Diana nos invitaba a ir a comer a su piso y Cecilia, que se había encargado de la cocina se ofrecía a recogernos con la Twingo más intrépida de Roma. Nada más subirnos, cual perros de Paulov comenzamos a salivar ante el olor a ragú (lo que nosotros llamamos boloñesa) que se había adueñado del coche… Sin duda, algún día Cecilia se convertirá en una “vera mamma italiana”. Este país aún no está del todo perdido.

Llegamos a casa de Diana, a su “pequeño” ático sin T.V. pero con una terraza desde la que se podían ver los edificios colindantes, de tipo fascista, con sus inscripciones similares a nuestro característico yugo con las flechas. “Segundo Imperio” y todas las megalomanías habituales de Mussolini y adeptos (gran mérito, la expoliación de Somalia, Eritrea y Etiopía…). Vegetamos un poco al sol mientras Alessandra, Diana y Cecilia se turnaban en la cocina, en charlar con nosotros y en repetirnos mil veces que ni se nos ocurriera intentar echarles una mano, como mucho abrir el vino. Un rato después, llegó la exquisita pasta al ragú recién horneada, acompañada de ensalada (que los italianos suelen tomar después) y una macedonia de frutas de postre. Posiblemente este fue el primer momento del viaje en que se me escapó la expresión que luego se convirtió en coletilla: “Estamos como queremos…”.


Alessandra, Cecilia, Diana, Llorenç y TiÃ

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Día 3. Roma

Viernes, Junio 16th, 2006

Por la mañana dejé a la gente durmiendo y me fui a dar un paseo por el Esquilino, el barrio dónde nos estamos quedando, en el que el año pasado hice un trabajo de campo estudiando las relaciones entre las diferentes comunidades que viven allí (y que de vez en cuando conviven): chinos, pakistaníes, bengalís, indios e italianos en su mayoría. Todo seguía para bien o para mal, igual, la Casa Pound ondeando su bandera tricolor desafiando al medio, algo que siempre me llamó la atención. Me explico, es un edificio ocupado por jóvenes de extrema-derecha en el corazón de uno de los barrios con mayor inmigración. Hacen bastante propaganda racista-xenófoba, anti-imperialista y anti-comunista al tiempo que defienden ideas de corte social… pero sólo para los italianos, claro. Paseé un rato junto a las tiendas de chinos en cada esquina, los restaurantes indios, las tiendas de bisutería, las de cine de Bolliwood grabado en cintas vírgenes, etc. hasta que encontré un bar abierto que me vendió unos panecillos y regresé a casa para hacer unos buenos bocatas de chorizo con tomate.

Aproveché el día para hacer visitas, primero me dirigí a mi antiguo piso en Piazza Bologna a dar una sorpresa a las compañeras de piso que aún viven allí. La sensación es al tiempo familiar y extraña. Seguir un camino mil veces recorrido, fijarme en las portadas de Il Manifesto o La Reppublica del kiosco habitual, pasar de nuevo junto al cuartel de la Guardia de Finanza y devolver, como siempre, la mirada fija al tipo de la ametralladora frente a la puerta de casa… una especie de rebeldía absurda que adopté desde que empezaron a molestarme cuando me paraba un rato delante de su cuartel y me pedían explicaciones de qué hacía allí. “Abito qui, dai…”.

En fin, el caso es que llegué al piso y me llevé la consiguiente bronca por venir sin avisar y encontrármelas en pijama, pecado mortal para una italiana. Tuve ocasión de observar los cambios introducidos en el piso por el bailarín boloñés que me sustituyó, entre ellos uno que tuvo que cambiar sensiblemente la calidad de vida del piso: una cortina para la bañera. Al rato llegó mi adorable vecina, dueña de dos perros y cuatro gatos que fue la que me permitió las idas y venidas a su casa con el portátil para conectarme con el mundo… Prometiendo que nos veríamos por la noche en San Lorenzo nos despedimos y seguí la ruta hacia el norte de la ciudad, esquivando las nuevas obras de la ampliación del metro, hacia el piso de Diana, una vieja amiga que conocí en Salamanca cuando ella hacía el erasmus y yo una séneca allí. Nos pusimos al día de nuestras vidas antes de que llegara Cecilia, hermana de otro antiguo erasmus romano-salmantino y nos embarcáramos en su Twingo rumbo a San Lorenzo, barrio muy obrero y estudiantil, un buen lugar para salir en Roma. Allí nos reunimos con Tià y Llorenç que habían estado de turismo (Llorenç no había venido nunca a Roma) para cenar en el centro social “Il 32” un buen plato de pasta y otro de verduras por menos de 5 euros. Los centros sociales en Roma, y en Italia en general vienen a ser centros a veces ocupados, otras no, que funcionan a través de la autogestión, organizan actividades, conciertos, talleres, teatro, etc. y suelen participar activamente en la vida del barrio, implicarse, etc. Suelen tener comida y bebida a buen precio. A quien visite Roma un par de noches le recomiendo encarecidamente visitar “Villaggio Globale”. Mientras cenábamos nos enteramos de un rumor según el cual un famoso cantautor italiano (Vinizio Capposela) actuaría de sorpresa en un centro social cercano al Coliseo llamado Angelo Mai, al que le habían dado un ultimátum para esa misma noche para desocuparlo. De nuevo la Twingo (en Italia el coche, es decir, la machina es femenina ;) ) recorría las colinas romanas y ponía rumbo hacia allá. Al llegar me asombré al entrar en un antiguo instituto abandonado en pleno centro de Roma que no había visto nunca, ahora ocupado y re-abierto a la ciudad reclamando:

“Porque hemos llevado el arte al centro de la ciudad y al centro del discurso. Porque en un año y medio aquí ha tomado vida el laboratorio cultural más activo de la ciudad. Porque en el Angelo Mai se está bien. Porque el Ayuntamiento nos pide que nos vayamos antes del 30 de Abril. Nosotros esperamos al 1 de mayo.”

Allí estábamos, en el patio del instituto, riendo y tomando unas cervezas, con un montón de gente que parecía que habían escuchado el mismo rumor que nosotros, cuando se nos unió Alessandra. Ella es la tercera y última ex-erasmus salmantina y nos puso al día sobre las penurias de los recién licenciados italianos y la explotación en “prácticas no pagadas” a la que se ven sometidos como único medio para coger algo de experiencia y curriculum (el 80% de mis amigos italianos que terminaron su carrera en los últimos años está trabajando gratis para alguien). En esas estábamos cuando ocurrió uno de esos momentos de “uno en un millón”, delante de mi, entre los centenares de personas que habían allí, se paran Annika y Anna, una amiga alemana y otra suiza que hicieron el erasmus con nosotros y que no teníamos ni idea que habían venido para el 1 de Mayo. Gritos, saltos, celebraciones, gente alrededor que no entiende nada y nosotros pensando que Roma es bastante grande como para coincidencias así… También me encontré con Michela, una implicadísima blogger italiana que conocí en un vuelo Barcelona-Tenerife cuando ella venía de vacaciones hace unos meses y que llevé a conocer la fiesta de La Laguna… Muchas emociones, muchos reencuentros, y Capposela que no llegó (según nos contaron) hasta las cuatro de la mañana, cuando ya todos nos habíamos batido en retirada… Ceci con su Twingo la primera, así que ya estábamos echando memoria a ver dónde coger el nocturno cuando una amiga de Annika se ofreció a llevarnos… Bendita tedesca…

Día 2. Barcelona – Roma

Viernes, Junio 16th, 2006

No conozco a la dueña de la cama dónde dormí aquella noche, pero bendita sea. Me levanté sin resaca y sin sueño y tras un buen desayuno salimos del piso de los amigos de Tià , dejando las llaves dentro, como habíamos convenido. La prioridad aquella mañana era asaltar una buena charcutería catalana y pedir que nos envasaran al vacío algo de chorizo, lomo ibérico y jamón serrano, que hay que cuidarse. La oferta del día eran dos fuet por el precio de uno, así que tampoco íbamos a hacer ascos a la amabilidad de la señora y nos lo llevamos sin saber cuántos amigos íbamos a hacer gracias a aquellas baratijas de la chacina española. La señora, no contenta con pasarnos una bien redondeada factura nos pidió que la lleváramos a Turquía con nosotros. Estaba yo pensando cómo meterla en la mochila cuando me acordé que había dejado el móvil en el piso, dónde no había nadie. Genial. Tras unas cuantas llamadas telefónicas de Tià a sus amigos dormidos y resacados y alguna mención más que justificada a mi santa madre vino alguien a abrirnos y pudimos salir escopetados al aeropuerto, esperando no terminar de cagarla y perder también el avión.

No nos fue demasiado mal, porque unas horas más tarde sin grandes complicaciones, aterrizábamos, Vueling mediante, en Fiumicino. Que chachis son los de Vueling, tú, todos jovencillos, guays, de anuncio de la MTV. Nada más llegar a la estación de Termini, me sentí como en casa… Hace un año estaba viviendo en Roma, e hicieras lo que hicieras, rara era la ocasión en que no tenías que pasar por la populosa estación, metafórico kilómetro cero de Roma. Enseguida alguien me regaló esa maravillosa maldición romana: “Mortacci tuaaaaaaa!!!” (algo como “Tus muertos”), poco después me encontré por casualidad con un viejo conocido que me miraba con aquel: “Ma che cazzo stai facciendo qui?” y así me sentí ya plenamente integrado, de nuevo, en la Società dei Magnaccioni.

Nos quedamos en casa de unos amigos de Tià , muy cerca de Termini, que habían aprovechado el 1 de Mayo para huir de Roma. Un muchacho muy servicial llamado Giulio, amigo de los amigos, vino a traernos las llaves y a mostrarnos nuestro nuevo hogar. Tras 15 minutos intentando abrir la puerta de una casa que no era nuestra, en una de esas zonas cerca de Termini que recuerdan a las pelis americanas del Bronx, conseguimos entrar esperando que ningún vecino con un poco de sentido común hubiera llamado a los carabinieri.

Aproveché el día para visitar Martina, una de mis antiguas compañeras de piso, felizmente divorciada del resto, que me puso al día sobre las peripecias de su exnovio que de mayor quiere ser terrorista y de viejo fundar el Nuevo Partido Comunista Europeo, así como chismes más insulsos sobre la convivencia entre cuatro italianas con mucho carácter. Ya para la cena nos reunimos con Tià , Llorenç (que llegó en un vuelo por la tarde) y Antonino en Piazza Navona para disfrutar de una de las mejores pizzerías económicas de Roma: “da Baffetto” (Via del Governo Vecchio, 114), siempre que uno esté dispuesto a soportar la mala leche de sus camareros. A Antonino el año pasado lo llamábamos el “Erasmus Italiano en Roma” porque era célebre por conocer a todo Dios dentro del mundillo Erasmus, un tío enrolladísimo que no se quiso perder nuestro regreso a la Caput Mundi. Tras un paseo por Campo dei Fiori (con el imprescindible helado) la noche la acabamos tomando una cerveza en la plaza de de Santa Maria de Trastevere, dónde en vez de los habituales actores, magos, equilibristas, etc. esa noche eran los carabinieri los que hacían un numerito al buscar a alguien sin mucho acierto entre la multitud (teniendo en cuenta que iban en grupos de 10 iban listos) y la gente riéndose de ellos… otra de las peculiaridades de Italia. Todos Dios se ríe en la cara de los carabinieri, que tienen fama de pardillos y son el equivalente a los habitantes de Lepe (o la Gomera en Canarias). Para regresar cogimos una guagua nocturna (aviso a navegantes, en 8 meses en Roma ni yo ni nadie conocido vimos un revisor en las nocturnas), rememorando los viejos tiempos de curvas cerradas al fuego, sanpietrini (como llaman a los adoquines) ensordecedores y algo que te pasa por la cabeza recordándote “Please do not leave your baggage unattended”.